Testimonios: Miguel en el seminario regional de educación de personas jóvenes y adultas: “construcción de escenarios para la transformación»

El seminario de educación de personas jóvenes y adultas: “construcción de escenarios para la transformación» se realizó los días 16 y 17 de julio de 2019 en las instalaciones de la Intendencia de Montevideo, en el marco del Premio UNESCO 2018.

Domo Tortuga
Miguel Fernández. Artesano, educador, forma parte de Domo Tortuga, un espacio de convivencia con la naturaleza.

Mi nombre es Miguel, vengo de las sierras de Rocha donde tenemos un proyecto que se llama Domotortuga, que nace de un proceso de transición que estamos haciendo como familia, con mi compañera y mis hijos, y es el fruto de muchos años de trabajar en el ámbito de la educación o los talleres con mi compañero Calcalovich, referente también para mí y compañero de muchas batallas. Le llamamos así nosotros, pero no son batallas, son momentos de compartir, de irnos a dar y recibir. Hemos construido nuestro andar en muchos barrios, en pueblos, en el amparo de las instituciones o en el amparo de cooperativas, o de vecinos o de una doña que en un barrio tiene un merendero. Desde la sociedad nos han pedido que fuéramos a hacer actividades de participación con la comunidad, que consiste en ir con nuestras herramientas y experiencias como artesanos a construir juegos con troncos para niños, una cosa bien básica, una hama- ca, un tobogán y otros desarrollos. Fuimos por los caminos de la identidad tratando de simbolizar los lugares en los juegos. ¿Qué identifica a esta comunidad? Por ejemplo en Minas de Corrales, lugar al que fuimos a hacer una experiencia, está la mina, y en la escuela preguntamos: «Gurises, ¿cómo quisieran que fueran los juegos?», «Una retroexcavadora», dijeron. Hicimos una retroexcavadora gigante cuya pala es el tobo- gán, las ruedas son para pasar y la cabina es el lugar para jugar. Fuimos traductores e instrumentos de una necesidad, nada más. Fuimos parte de la experiencia con una cantidad de conocimientos para compartir, pero también recibiendo todo lo que está en el lugar para que la experiencia del aprendizaje no sea vertical, piramidal o pa- triarcal, sino horizontal. La experiencia educativa ha sido compartir, generar círculos, promover el reconocimiento del otro en el círculo como uno más de nosotros y con el aporte de todos.
En todos estos años, por ejemplo, a la mujer la encontramos en la crianza, en la puerta del caif con los niños, pero, también en la jornada de participación haciendo el pozo, enterrando el palo y clavándolo. Tenemos un gran respeto hacia la mujer y nos encargamos de que quede claro para compartir el código. En este círculo, la mujer se respeta. El reconocimiento y el respeto son dos cuestiones fundamentales y también la igualdad, al menos en esa instancia, porque la sociedad no nos expresa situaciones de igualdad. No todos tenemos las mismas oportunidades. Mi experiencia profesional es la de un resiliente, yo surgí de lo que pude haber sido, otro ser. Todos los maestros que me fui encontrando en la vida me dieron cosas que me alimentaron para elegir. Lo más hermoso que se puede elegir es la libertad.


El proyecto Domo tortuga pretende generar un espacio, un lugar en la naturaleza, y queremos compartir nuestra transición, un tiempo de aprendizaje con todas estas experiencias que se abren, que están encaminadas y que tienen mucho tiempo. Queremos compartir ese lugar y ofrecerlo como escenario para estos encuentros de aprendizaje. En todas las poblaciones la naturaleza nos contiene a todos. En ese espacio de naturaleza promovemos agudizar la mirada, en el sentido de observar nuestra realidad desde el lugar más simple que podamos tener. Por ejemplo, cuando vemos el agua, reconocer que ninguno de nosotros puede vivir sin agua y, por eso, es básico honrarla. En ese lugar, no mezclamos caca con agua —dinámica cotidiana de todos—, separamos lo líquido de lo sólido y comenzamos a ejercitar, o a volver a entrenar la mirada, para comprender que somos tan nutricios para afuera como tan nutricia es la tierra con nosotros. Nuestro orín, un deshecho, puesto en una planta es un nitrogenante fabuloso. Nuestra caca huele porque la mezclamos con agua. Simplemente séquela, no huele a nada, es tierra. No son detalles muy antiguos, no es que nos hemos olvidado. Todo este olvido, esta ignorancia que hoy vivimos y que parece conocimien- to con un celular no lo es, en realidad, nunca fuimos tan ignorantes ni tan estúpidos, créanme, como ahora.


Honrar la memoria de los pueblos originarios está dentro del proyecto Domo tortuga, no como un indigenismo ni como una cosa mística: no, no, no. Realmente, ninguno de los pueblos que vivió aquí dejó un basurero, ¿o ustedes identifican el basurero de los chanás por allá o el basurero de los charrúas allá atrás? Pero, cuando vengan los del futuro, verán el basurero de los montevideanos. Lo vemos todos los días, en la vereda y en todos lados. Debemos reconocer que somos parte de todo esto y respetarnos. Estamos completos: a nadie le falta nada desde que nacemos, gracias a mamá y a papá que nos dieron todo para estar aquí de pie. También, promover esa mirada de respeto hacia el otro que está ahí al lado, al que está enfrente y al que tam- bién está en oposición.


Todo este círculo es una gran inteligencia que supera a cualquiera de nosotros en soledad. Reconocernos en el poder de que, como humanidad, estamos aquí por- que formamos sociedad, no esto de que yo soy el dueño. No somos dueños desde los conceptos que decimos. La cultura es, en realidad, la acumulación de cosas vividas. Tenemos la bendición de tener un sistema de lengua, numerología, arquitectura, todo es cultura, somos cultura, pero debemos tomar una decisión de qué cultura queremos promover. Estamos planteándonos revisar la cultura humana, la cuestión civilizatoria, qué civilización somos y si somos la última generación, como se nos planteó hace treinta años. No, esto no es de última generación, yo quería lo de última generación. No quiero ser la última generación, quiero habilitar a que nos veamos más allá de nosotros mismos y comprendamos como civilización y como humanidad cómo estar en una oportunidad preciosa. Es saborear el calorcito del sol, sentir el frescor del aire, beber el agua y sentir esa belleza que es vivir. Nosotros, el Uruguaycito, que tiene el agua más rica del mundo. Este lugar, Domo tortuga, está en las sierras de Rocha en un paisaje de cascadas, de venados, de zorros y de mulitas. Es nuestro paisito, es nuestro Uruguay. Hay muchos gurises de Manga, de Capurro, del Borro que no conocen la sierra ni la penillanura suavemente ondulada con una costa de playa. Uruguay tiene una belleza enorme y una abundancia exquisita. Queremos compartir esa sensación de ser parte de un lugar maravilloso, darnos la oportunidad de ser un pedacito más de toda esta memoria hermosa y de este paisito precioso.


El proyecto es la representación de una tortuga, un ser en sí mismo, completo, que tiene una cabeza como nosotros que usamos para pensar y pensarnos. Con los receptores, vemos, observamos. Observar la naturaleza nos da mucha información sobre cómo funciona la vida biológica, mágica. Observar el cielo y la tierra nos ofrece mucha vida, mucho conocimiento. También, observar a mis hermanos, mis parientes, como le queramos llamar. No soy religioso, me refiero a hermano como familia, por- que somos una continuidad, nada más. La observación es una fuente inagotable de aprendizaje y también el uso de herramientas, la actividad manual, labrar la tierra, comprender la semilla, la germinación, el desarrollo, la paciencia que es poner una planta en la tierra, opuesto a la inmediatez de apretar un botón. Una lechuga demora cuarenta días en crecer, el maíz, seis, ocho meses; una fruta, quizá años para comerla de un árbol. Esos ejercicios de paciencia son ansiolíticos, pero de gran calidad. Sin embargo, nos preguntamos quiénes somos. Yo no tengo formación, no completé mi secundario. Me metí al laburo, pero me fui formando en el uso de la motosierra, el formol, el martillo, la tenaza. Empecé a conocer que hay una cantidad de herramientas alucinantes. A los niños, cuando vamos a las actividades, les encantan las herramien- tas y las quieren usar, pero no interesa que aprendan a usar el martillo así se convierten en martilladores, no. Es importante que aprendan a usarlo para saber clavar el clavo de sus mesas. También, deben aprender computación, viajar por el mundo, eso es la felicidad completa. No estamos planteándonos preparar agricultores o artesanos, sino seres integrales con una mirada hacia el mundo con respeto, un eje en nuestro movimiento.
Importa la alimentación saludable porque lo fundamental es cuidarse, respetarse a uno mismo a partir de la decisión de qué voy a comer y qué voy a ingresar al cuerpo. Eso es una actitud, un acto consciente. También, revalorizar el yuyo silvestre, la plantita que curó a tantas personas, una marcela, una carqueja; revalorizar las propiedades y reconocer que se tilda de dealer a una cantidad de historias y, en realidad, hay muchos médicos que son dealers de la farmacología multinacional, porque de salud poco saben; reconocer el alimento directo en la tierra. Debemos dar la posibilidad a las personas para que puedan darse cuenta de que, por habernacido aquí, en esta tierra, están vinculadas con ella y el permiso se lo dio la vida por haberlo dejado llegar.

Debemos reconocernos en una red, en un tejido, en una trama. Estamos interconectados más allá de internet de corazón a corazón. A mí, esto me hizo ¡pum! en el corazón. Perdí el guion de lo que iba a decir, me trajo al ser que soy; reconocer el territorio en que habitamos y saber que cualquiera de nuestras decisiones implica mover energía de un lado a otro del mundo solo porque tengo ganas.
Seamos capaces de fortalecer el tejido social y apoyarnos, no entre nosotros desde nuestros egos, sino reconociendo que yo, apoyando al que tengo al lado, estoy estimulando al que produce conocimientos. Debemos cuidar a nuestros jóvenes muchísimo, honrarlos, agradecer que estén llegando y desear que sean felices, que todos podamos ser felices. Estoy agradecido a mis hijos, que están y vinieron a acompañarme. Para nosotros esto es muy especial, es increíble y estamos muy contentos.

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